domingo, 4 de septiembre de 2011



Palabras como dardos
Relaciones hispano marroquíes: retos y oportunidades en juego

Las relaciones entre Marruecos y España son una realidad dictada por la geografía y que, en consecuencia, no pueden ser ni modificadas ni alteradas por ninguno de los agentes que operan en los dos países fronterizos. Pero sí podemos cambiar su índole y su función, transformándolas en un espacio abierto a la verdadera cooperación y a la acción cultural en común. Es obvio que las distancias y las hostilidades se adscriben más a una esfera de subjetividad que, por imperativo, hay que disminuir y frenar entre países tan cercanos, aunque algunos medios o instancias no sigan siempre los preceptos de la buena vecindad.
No hace falta ya recordar a nadie que las fronteras como línea divisoria entre países separan, pero también unen, y pueden ser una alcántara y pórtico de comprensión, estabilidad y prosperidad mutua. Tanto Marruecos como España son dos países orgullosos de su legado histórico común, desde el cual se puede construir un futuro mejor para nuestras futuras generaciones.
Sin compartir tanta cercanía geográfica e histórica, la realidad de las relaciones del Reino de Marruecos con la República Francesa puede ser considerada como una verdadera asociación. Mantenemos con el país galo una cooperación intensa, potente y penetrante, porque se realizan verdaderas acciones conjuntas de forma estable, sin altibajos ni avatares. Las características más importantes de los lazos franco-marroquíes, y que son fundamentales, son el respeto y la amistad. Y ambas son de carácter subjetivo, no se trata de hechos forzosos o preceptivos (ya que los dos pueblos no son ni vecinos geográficamente, ni comparten un legado cultural andalusí). Llegar a construir esta relación de excepción, pero hispano-marroquí, significaría dejar muchas de las actuales subjetividades aparte, y también renovar el alcance del actual marco de cooperación con España para reajustar prioridades y acciones a la realidad del turbulento siglo XXI.
El concepto de cooperación engloba una gran cantidad de acciones. En él encontramos ámbitos tan variados como el fortalecimiento de los proyectos educativos, sociológicos, artísticos y culturales, asimismo el respecto a las sensibilidades, la promoción del diálogo intercultural y de la ética en los medios de comunicación, la integración y cohesión social, la igualdad de género y un largo etcétera. Es cierto que la asimétrica capacidad cooperativa entre Marruecos y España ha privilegiado siempre el peso de la difusión de la cultura española en Marruecos, continuando siendo un reto la difusión de la cultura marroquí en España, con toda su riqueza y diversidad. Esperamos que en los próximos años no se trunquen y continúen adelante los proyectos, instituciones e interlocutores que en los últimos tiempos promueven la difusión de nuestros valores y patrimonio.
Ya saben que los albañiles son albañiles, trátese de profesionales buenos o malos. Para que nuestras relaciones bilaterales con España sean excelentes y duraderas debe haber y debe reinar la misma confianza excepcional que nos une con Francia. Esta confianza sólo se puede establecer a partir de un diálogo permanente, denso y ponderado, que esté liderado por verdaderos profesionales y expertos -independientemente del color de cada gobierno- para no dejar prevaler cualquier idea o sentimiento subjetivo que pueda ganar terreno y conquistar fácilmente la opinión pública.
Es de sobra conocido que los peones de un tablero de ajedrez son las piezas más numerosas, pero su capacidad de movimiento es limitada. Los verdaderos gestores de las relaciones culturales (no me refiero a los albañiles), no deben ser sólo los peones, sino los alfiles, los caballos o las torres. Con estas piezas se pueden desarrollar estrategias de altura y entre todos dar jaque mate a la intolerancia, al fanatismo y a la intransigencia. Y, afortunadamente, cada partida encierra nuevas oportunidades para respetar también nuestros propios valores (territoriales –nuestro Sahara–, religiosos –nuestro Islam–, políticos –nuestra monarquía y nuestra futura constitución–). Cada jeu d´échecs o partida de ajedrez, con España y sus agentes de cooperación, es una útil oportunidad para erigir y cimentar nuestras relaciones, no hagamos más trampas.
Mostafa Ammadi
Profesor Universitario

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